Museo de la Ciudad - Casa de Hernández

Fachada del Museo

Si a nivel individual es la casa, la morada, la que hace posible la vida, a nivel grupo humano la ciudad tiene el mismo sentido: “Sólidos diques sin los cuales no se puede vivir”, como dice Antoine de Saint Exupery en su obra “Ciudadela”. La ciudad es el espacio familiar conquistado para realizar la vida común, sin la cual la vida individual es imposible.

Pero la fundación de una ciudad no se agota con la construcción del conjunto de calles y edificios que la componen, sino que es preciso sostenerla y habitarla, cuidando lo que en ella se desarrolla y crece, es decir, viviéndola, dando sentido humano a ese espacio común.
Pues es en esa existencia cotidiana, en esa sucesión de episodios de las vidas privadas mezcladas a los asuntos públicos, procesiones y fiestas, en que a través del tiempo, el hombre que la habita imprime a la ciudad su identidad, su espíritu y construye su historia.
Por eso, no hay ciudad sin memoria. La ciudad, “ese continente perdurable de existencias efímeras en permanente relevo”, tiene necesidad de saber, de recordar y de imaginar su porvenir enraizado en su pasado cercano. Y el tejido de los pequeños hechos que configuran la vida diaria de la gente constituye una verdadera cantera de revelaciones sobre la idiosincrasia de un pueblo, su historia y su forma, original y única, de estar en el mundo.